SONAMBULISTAS

MONÓLOGOS O DIÁLOGOS A SOLAS
Monólogos,
diálogos en solitario,
conversaciones a solas,
palabras mojadas en la espuma
rizada de las olas,
frases de amor sepultadas
en nichos con pinta de caracolas.
Reflexiones,
pensamientos en solitario,
razonamientos a solas,
ideas que ruedan por mi mente
como si fuesen bolas,
abortos de una pasión
que se siente amenazada
por cañones de pistolas.
Besos,
abrazos en solitario,
haciendo el amor a solas
en la cubierta de un barco,
mientras el viento que me envuelve, rola,
y me pone de tu lado, a sotavento,
haciendo girar mi cintura
como un tallo de amapola,
y nublando mi entendimiento
hasta volverlo oscuro,
con un ligero tono a cocacola.
Tristezas,
nostalgias en solitario,
evocaciones a solas,
parque temático del recuerdo
del que los buenos momentos extrapolas.
Ensoñaciones baldías,
aves de paso cansadas
que sólo vuelan a días.
Leve melancolía
que pesa sobre tu espalda
con la suavidad de un coro
de voces angelicales,
interpretando fúnebres cantos gregorianos
en ásperas y gélidas abadías.
Silencios solitarios
y torpes caricias a solas
que pueden ahogar o adornar tu cuello,
como lo hacen las colas de los armiños
cuando se unen formando estolas.

AL OFICIO DE POETA
Cantos de sueños delicados
como plumas de ave,
como alas de hada
y reliquias bajo llave.
Historias de desafíos,
leyendas épicas y gestas,
cuentos helados de frío,
fábulas de princesas muertas,
mares de metáforas breves,
folletines a la menta,
breviarios con sal y pimienta,
poemario de verso leve
y verso libre que te ahuyenta
donde lo real se ausenta
y la ilusión se aposenta.
Dramas de poca monta,
rapsodas para las fiestas,
rimas que se amontonan
haciendo parvas,
tejiendo nanas para las siestas
y acariciando el sol
que al calor de la lírica se empalma
y derrite hasta la piedra más enhiesta.
Flecha directa al alma
que los principios desmonta,
que la conciencia remueve
y que la pasión inflama.
Herramienta del poeta
que, no llora cuando escribe,
sólo son lágrimas de cocodrilo
que sobre un folio de hilo
el genio del artista llueve,
y la luna, como boba, se conmueve.

FOTOMATARILE
Las experiencias gratas del recuerdo
las copiamos en formato diapositiva,
las imágenes del amor van impresas en una película
y son la salsa, son la chispa de la vida.
Vivencias ampliadas en negativo,
evocaciones en blanco y negro
plagadas de brillos y contrastes,
mil perdones saturados a todo color,
matices añadidos a la alegría de los tristes,
edición en sepia para la tristeza de los alegres,
varios enfoques de un amor secreto
nunca revelado y siempre bien asistido.
Ojos que se aúpan sobre trípodes,
disparos furtivos al corazón que señalan un objetivo,
respiración diafragmática, jadeos, un suspiro,
trapo negro y la cancela que oculta tu pajarito,
fuelles de antaño que marcan un hito,
focos y luz fría para unos pocos,
para los de siempre, fondos y reflectantes,
los de ahora y los de antes,
toqueteos y retoques, capas en degradé
que te desnudan el alma y te devoran la piel,
besos grabados en un daguerrotipo
y caricias sobreexpuestas en sexos ortocromáticos.
Quererte a ti es captar la luz, toda ella,
y guardarla en una botella,
y con la velocidad del rayo apretar tu obturador,
ése que rige y marca el ritmo de tu amor,
para así, dosificar un posible desengaño y que,
una vez te hayas ido, no me causes mucho daño.
BAJO LA SOMBRA DE UN SICOMORO
Bajo la sombra de un sicomoro,
sobre un banco, genuflexa como un moro,
poco a poco me enamoro,
te tengo ley y te adoro,
y, mientras mi amor afloro,
el corazón deterioro,
confundo oveja con toro,
la gaviota con el loro,
la chatarra con el oro,
la nada con el aforo,
lo procaz con el decoro,
lo verde con lo incoloro,
una bosta con un meteoro,
qué digo… con un tesoro…
Y si te vas, yo te añoro,
ni suplico ni te imploro,
pero mi paso aminoro,
el tono de mi piel decoloro,
hacia un lado me escoro,
la fecha y la hora ignoro,
a la mínima expectoro,
y el fondo de una copa exploro
mientras mi pena evaporo,
como vuelo de avetoro.
Y lágrimas de cocodrilo lloro.
FILÓSOFO DE TRES AL CUARTO
Entelequia hegeliana,
cartesiano gasendista,
filósofo del tres al cuarto,
pragmático existencialista.
Ontólogo conceptualista,
discípulo de Baco,
estudioso de Kant
y amante de una corista.
Empírico positivista,
agnóstico nihilista,
boxeador, chuloputas
y además corto de vista.
Platónico idealista,
amoral heterodoxo,
Diógenes lascivo, estafador,
proxeneta, estraperlista.
Trascendental vitalista,
cínico sensualista,
mal actor, embustero y camorrista.
Metafísico de pega que,
a falta de mucha estética,
de ética tiene más de una fanega
aunque suene surrealista.
Eres final, eres causa,
eres espacio, eres tiempo,
eres Eón, eres ciencia,
qué digo… tú eres la quinta esencia,
eres yo y mis circunstancias
y me abro en tu presencia.
Aunque fueses todo eso y mucho más,
por ti, como diría Leibnitz,
yo sería partícula indivisible,
una sustancia pura y simple
que, por morir en tus brazos,
asfixiada en un abrazo,
dejaría de ser mónada o lechazo,
dejaría de ser átomo o garbanzo
para ser la nada de un plumazo.
MI MICROMUNDO
Mi micromundo cabe en un cuento de hadas
donde conviven mascotas con libros camaradas.
Soy una princesa medio bruja, sorda, muda, ciega, lerda,
me suspendo de una cuerda y siempre voto a la izquierda.
En la salita, una pantalla de televisor vacía
tiene el aspecto apagado de una ventana fría,
no me gusta lo que veo a través de ella ningún día.
Hay un sofá con una lámpara que parece una farola
y debajo está una alfombra que robé de una chabola.
Mi perro se viste con mono y se coloca una toca,
mi chacha utiliza bozal y ladra como una loca.
La chimenea de mi casa no echa humo, escupe estrellas
que según los entendidos son de las más bellas.
Desde una ventana hablo con la luna y la tuteo,
ella pide más respeto, que haya menos cachondeo.
Mi gata no está triste aunque es azul,
y aupada sobre las tejas viste una falda de tul
mientras no maúlla, ya que mi gata declama
arengando a las masas, arañando el alma con alguna soflama.
La cama donde yo duermo no tiene sábanas ni colchón,
duerme sola como yo, desnuda y con edredón.
Mi casita tiene por dentro un largo camino gris
que te lleva derechito hasta el cuarto de hacer pis.
Sus paredes son blancas y ríen aunque a días tienen miedo,
son educadas, calladas y no se tiran ni un pedo.
Cada noche tú me esperas al otro lado del muro,
cabizbajo, con las manos en los bolsos, sin un duro.
Esperas que la luz se apague y que todo quede a oscuras
para colarte en mi casa y en mi vida, para vivir mil aventuras
y, lo mismo que un ladrón, profanar mis aberturas.

DECLARACIÓN DE INTENCIONES
Tumbada sobre mi lecho
no duermo, sólo me echo,
no sueño, escucho mi pecho
y mi corazón está al acecho
por si el tuyo está en barbecho.
En ese instante aprovecho:
con cariño y sin despecho
siembro en tu amor maltrecho
la simiente de un helecho.
Voy de frente y por derecho,
llego a ti a través del techo,
vengo desde lo oscuro y estrecho
y traigo el morral muy hecho
del cariño y las pasiones que cosecho.
Aún nos separa un buen trecho,
pero… tú lo sabes bien, sospecho:
no soy de tienta un deshecho
y de lo adverso no me endecho.
Aunque incurra en delito de cohecho,
si no logro que seas un amante de provecho,
vive Dios que haré de ti un amante satisfecho.

LA VERDAD, NO SÉ QUIÉN SOY
Ha pasado mucho tiempo
y mi sombra, para ti, se ha esfumado
como huella en una alfombra.
Ya no soy la zozobra de tu alma,
azogue, nervios o ajetreo.
Ya no soy en tu bajo vientre
esa especie de hormigueo
que se traduce en la mente
como amago de bloqueo.
No soy el natural destino de tu galanteo,
ahora no sé quién soy,
pero, por tu actitud, sospecho
que debo ser algo así como
la cantante calva en el Liceo,
una antigua pieza de museo,
un manuscrito en el Ateneo
y un emporio de las artes
que duerme y sueña
acurrucado en los brazos de Morfeo.
Soy la más vieja de tu gineceo,
la que con garra va tirando del trineo,
soy la cristiana que ofrecen como tapa
a los leones en la barra del coliseo,
el sordo que desentona en
una clase de solfeo para desgracia
de ese tipo llamado Orfeo,
soy una calumnia en boca de la plebe
en forma de cuchicheo,
para ti sólo soy un huésped molesto,
garrapata del veraneo,
en la chupa de un heavy
soy un pin con pinta de camafeo,
la apuesta por el infinito
en el caso del perigeo,
soy el calabozo de un reo,
la mancha en la camisa blanca
tras un revolcón y lógico manoseo
y la que paga las tasas de tu himeneo.
Soy, en resumidas cuentas…
lo mismo que una muerta en su mausoleo.