POETÍSOLAPoeta que sueña y escribe a solas.
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GÓTICO (Soneto)
 
 
 
 
Bajo la suave luz de una farola
los besos saben más sobre una losa,
se dice del amor en verso y prosa
y el tiempo gira y hace una cabriola.
 
Si pudiera encerrarme en tu aureola,
sería para ti como una diosa
prisionera y amante voluptuosa,
mi muerte haría el amor contigo, sola.
 
La luna se encarama en un tejado,
un gato negro vaga solitario,
un borracho solloza adormilado
y unas viejas salmodian un rosario.
Mi pálido fantasma, aquí a tu lado,
teje sueños de un modo rutinario.
 



CANTO DESESPERADO A LA NOCHE
 






 
 
Asida a las crines del crepúsculo
cabalgo en Duermevela,
y bajo el auspicio de la ley de la vigilia
voy de la sonochada al dilúculo,
alfa y omega de las sombras,
con mis sueños y mis dudas por valija,
dudas que no son tales,
pues se alzan sobre la base de un pilar
construido con efímeras realidades.
Obligada por las circunstancias,
maldita casuística de una moral de pega
tan falsa como la más espuria de las monedas,
no puedo por menos de mostrarme ciega
a la luz del día, y, a cambio, convertirme
en luciérnaga apagada y luctuosa,
coleóptero licnobio que no brilla,
siendo despojado por la muerte
de sus alas blancas y verdosas.
Tras el toque de queda de una fúnebre campana,
en este camposanto que me guarda
seré por ti búho nictálope y noctívago,
irredento nocherniego
cuya mirada traspasa el poder de la oscuridad,
mientras tu insultante silencio,
conticinio de las horas tantas,
antes que llegue el día con el alba
cantará como alegre gallo que libera su garganta.




LLEGA LA MUERTE DESNUDA Y CALLADA


                  

Llega la muerte desnuda y callada,
viene a por mí.
Lo noto en su olor y su mirada.
Llega la muerte desnuda y callada.
Con un guiño cómplice me llama,
engaña y atrapa.
Me envuelve con su aroma luctuoso
de dalias y crisantemos,
y con sus cálidas palabras
me acaricia y embriaga.
Yo, pobre mortal, me dejo seducir
como un romántico cualquiera
y le pongo un par de velas
a Don Charles Baudelaire,
por si se quema, eso sí,
se las pongo al lado de los pies.
Me intuyo como poeta
 de rompe y rasga y verso libre,
y el más allá imagino
como promesa futura de aventuras
que intentan alegrar mi vida,
poeta de puerta abierta,
de calcetín y bragueta
a quien la muerte desnuda y callada
persigue, aprieta, admira
y, mientras estoy con vida, respeta.

        


AQUÍ DONDE ME VES




 
 
 
 
 



Aquí donde me ves, en esta sepultura,
ni soy mármol, ni soy piedra
ni otra materia dura.
Si a ti te halaga el amor, la adulación, el respeto,
y las bellas palabras que, como pétalos de flor,
me arrancas cada vez que tu presencia me fascina
o tu aliento me envenena,
hazte idea, no me seas caradura,
que tú y yo somos lo mismo,
somos de igual catadura.
Tú no serás Don Juan,
yo tampoco Doña Inés.
Para ser Don Juan te sobran el garbo y la chulería
y te falta, aún, una pizca de osadía.
A mí para ser Inés me sobran los seis velos
más propios de Seherezade que de novicia
y un exceso de malicia,
 
y me falta esa inocencia que todo galán codicia.
Tú no serás Don Juan,
yo tampoco Doña Inés,
puede que hasta sea la Brígida hablándole al Comendador…
No obstante, desde esta peana imploro:
“Arráncame el corazón o ámame porque te adoro,
que hoy, oculta en la losa, disimulo mi tristeza,
mañana será otro día y te hablaré de otra cosa.”



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