POETÍSOLAPoeta que sueña y escribe a solas.
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TONO SEPIA 


 
Tono sepia desvaído de aspecto muy desgastado,
con las esquinas dobladas y los bordes amarillos
en una foto retocada con color artificial.
Largas pestañas postizas, labios rojos bermellón,
el peppermint en su boca, como una señal golosa,

aún tiene más de engañosa
pues el verde dice "pasa" y el carmín dice otra cosa,
suéter de cuello cisne y, de perlas, un collar,
una falda acampanada tañe suspensa de una cintura de avispa,
tacón de aguja, bolso Kelly, medias negras con costura
y el muslo prieto y ahogado
por el abrazo asfixiante del encaje de una liga,
pelo brillante y cardado, laca a granel,
perfumada con colonia de Lavanda o con Chanel
según el gusto, el presupuesto o el día,
busto enhiesto apuntalado por un sostén de ballenas,
el gusto es mío, mucho cuidado con ella,
la chica topolino de la foto se llama Gilda.
Todo un placer señorita, perdone:
¿Ese busto apuntalado por ballenas es sólo suyo...?
Ay qué gracia, el busto de las ballenas resulta que va a ser mío,
la chica topolino de calendario,
más conocida por Gilda,
no es de nadie, es sólo mía.



EL DÍA QUE ME VAYA DE MADRID
 
 
  
  
El día que me vaya de Madrid
querré escribir un poema
improvisando un lema
en honor a Chamberí.
Me iré sin mirar atrás,
lo haré sin mojar mi llanto
con lágrimas,
sin pintar cara de espanto
y masticando lentamente
el desencanto.
Dejaré mis antepasados,
recogidos y apilados,
apuntando con un dedo
en dirección a Princesa,
y con otro señalándome
una mancha en la chistera
que, por la pinta, seguro
será el pegote
de un gran chicle de fresa.
Perderé mis canas,
doce o trece cada día,
perderé mis ganas
paseando por Gran Vía.
Reuniré las Musas que
adornan todos mi sueños,
las guardaré en la valija
con cerrojos y clavija,
aún así, las muy Zorras,
se lograrán escapar.
Tomaré todos mis tesoros,
mis hijos, mi harén
y un papel donde está escrito
con sutura de dos ceros
cómo se llama el oficio
de este hombre que aquí ven.
Cuando me vaya de Madrid
juraré volver un día
sin despecho, sin rencores,
con ilusión y alegría,
lo mismo que el primer día
que conocí Chamberí.
Prometo narrar en verso
mi despedida, mi gran
abrazo de Oso
dedicado a la Cibeles,
a madroños, a Cavas,
a estanques de más
de mil retiros,
a vendedores casposos,
a las Palomas e Isidros,
a chocolate y  porras
de un San Ginés abatido
por acostarse a esas horas,
a callos, codillos y cocidos,
a esos cielos pintados a óleo
con la paleta de un tipo
nacido allá, donde nació el Tenorio.
El día que me vaya de Madrid
volveré a ser aquel niño
que, tomado de la mano
con cariño, recorría
galerías subterráneas
profanadas por
 espíritus de muertos
que quedaron atrapados
en una estación de Metro,
pongamos que hablo de Chamberí.
Si un día me voy de aquí,
cosa muy poco probable,
no necesitaré que hable
una pluma por mi boca,
siempre quedará un fantasma
que agite al viento un pañuelo
en señal de despedida,
en señal clara de duelo,
que escriba un poema para mí
y para este cielo.
 





 
VIOLETA TIENE NOMBRE DE MUJER





 
Madera brillante de violín y de viola,
cuerda de violonchelo que se rompe
para colmo y desdicha del violero,
violinista en el tejado, tañedor de suspiros,
flor morada en el pelo,
rebelde poetisa que hiere y mata con palabras,
que viola el pensamiento y la conciencia
sin pagar peaje en el camino de la violencia.
Violeta, flor con nombre de mujer
nostálgica y señera, de señora enamorada
engalanada de domingo, rebeca de angora,
cardado y laca, olor a colonia,
medias con costura y el cupo
de baile completo en la libreta,
nombre de mujer de rompe y rasga,
de mujer de bandera
pespunteada con fragores de contienda y
aromas republicanos ocultos en la trastienda,
bandera izada al viento que luce
en el estadio los colores del Pucela
y ondea en su tela rasgada y valiente
el violeta de la insignia comunera.

 

ATRAPADA EN EL PASADO

 
  
Atrapada en el pasado
y viajando a bordo del presente
hacia el futuro,
vive vivo en mí el recuerdo,
agarrotado,
como la torcida rama de un sarmiento.
La mano que, trémula,
mueve mi destino, mientras tanto
va arrancando y desbrozando
de malas hierbas el camino.
 




RECUERDOS DE LA INFANCIA














Volver la vista atrás a la infancia
es teñir de sepia nuestros recuerdos,
es lucir un traje de domingo con lazos en el cuello,
es pisar los viejos adoquines de un barrio en silencio,
es oler a chocolate con churros cada fiesta de guardar,
es ver ondear  ropa tendida en los balcones
igual que gallardetes de colores, sábanas blancas,
calcetines, bragas, servilletas, tapetes y camisones,
es el vermú con gambas al ajillo de antes de comer,
es la mano del adulto que aprisiona tu mano dentro de ella
y te clava los anillos,
es visitar la casa de la abuela,
jugar con los adornos de su alcoba,
bordados y filigranas, oler a comida en el horno
y esconderse en la alacena justo antes de la cena,
es besar y que te besen parientes aunque  no quieras,
es oler a colonia de limón, jabón de tocador,
caramelo de menta y, de postre, esa raja de melón
que te llena hasta los codos de  empalagoso dulzor,
es soportar estoicamente la raya al medio, las horquillas
y las gomas en la doliente tirantez del pelo,
es ir a misa y cruzar miradas cómplices de tedio
con santos, vírgenes, cirios, viejas y monaguillos,
es jugar a soldaditos, mariquitas, tabas, escondites,
procaces y lúbricos médicos, inocentes juegos reunidos,
policías y ladrones, el pañuelo, tú quedas y yo me piro,
la comba, la goma, la tanga y el corre-corre que te pillo.
 
 
 
 
 
 
 
 
 

 
 



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